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Cuando estoy haciendo vino, lo que más disfruto es la posibilidad de experimentar.

El vino no es una receta ya que todos los años la uva es diferente. Así que las necesidades también lo son. Esto hace que antes de cada cosecha uno vaya imaginando lo que quiere hacer con las diferentes variedades de uva que uno tiene. Año con año tratamos de reinventarnos y hacer el mejor vino que podamos, es mucha responsabilidad pero también es muy gratificante.

Hacer vino de baja intervención y de fermentación natural es todo un reto, porque no sabemos la levadura que está actuando y tenemos poco margen de maniobra. Sin embargo considero que los vinos son mas complejos aromáticamente y representan de mejor manera su “terroir”. Se habla mucho del “terroir o terruño” que involucra, el sol, la tierra, el clima, los nutrientes y la mano que trabaja la uva. Todos esos aspectos influyen y hacen diferentes a cada uno de los vinos ya que iniciamos con la misma materia prima pero con sabores muy distintos. Es por eso que queremos que nuestros vinos sean lo más representativos posibles, desde el terruño a su variedad.

Tener libertad creativa es una maravilla, es algo que no todas las vinícolas tienen, poder hacer diversas variedades es algo muy enriquecedor.

Cada año experimentamos con cosas nuevas que complementen los vinos que ya tenemos en bodega. Jugar para ver a dónde nos lleva el vino. Experimentar con nuevas variedades, diferentes extracciones y así lograr nuevos y mejores vinos.

No siempre los resultados son los que uno espera pero haciendo las cosas con amor y pasión se logran cosas sorprendentes.




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